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La encefalopatía espongiforme, se produjo a causa de negligencias, para abaratar los costes de producción, en el proceso de elaboración de las harinas carnicas con destino a la alimentación del ganado en el Reino Unido.
En poco tiempo, la enfermedad, se extendió por toda Europa, la reacción de los gobiernos no se hizo esperar; sacrificios masivos de reses y la prohibición del abandono de cadáveres, de cualquier tipo, en el campo.
España asume esta directiva comunitaria.
En Aragón se crea, la empresa SIRASA, con una extensa flota de camiones que garantiza la recogida de los cadáveres en todas las explotaciones.
Al mismo tiempo se clausuran todos los muladares, solo en Aragón había censados más de 200; el drama esta servido…
Los ataques de los buitres al ganado, son consecuencia de nuestros errores.
El buitre actúa como bioindicador, nos está señalando con su comportamiento, que una vez más hemos trastocado gravemente el normal curso de las cosas.
El buitre no está cambiando su comportamiento, simplemente, al no tener cadáveres de los que alimentarse busca aquello que más se le parece; es decir, una res herida, impedida sin posibilidad de levantarse y este comportamiento en algunos grupos de buitres no es en absoluto novedoso; ¡cuando los buitres están al borde de la inanición no se les puede tener en cuenta que no esperen a que la res impedida se muera por si sola!
Las leyes, decretos y directrices dictadas desde Bruselas para atajar el” mal de las vacas locas”, fueron dictadas para países del centro y norte de Europa, países todos ellos, que perdieron hace lustros sus grandes poblaciones de aves necrófagas, se olvidaron los”administradores bruseliensis”, de que en la Europa mediterránea decenas de miles de aves carroñeras ya hacían ese trabajo, sin coste alguno para el contribuyente.
Y lo que es más grave y sintomático, nuestros representantes políticos no supieron hacer ver en Bruselas que la prohibición de depositar cadáveres en los muladares no era necesaria en un país como España, ya que los buitres y demás aves carroñeras cumplían con eficacia y sin coste alguno, con su papel aséptico, dejando completamente limpios los cadáveres, evitando con perfecta eficacia, la propagación de enfermedades como la encefalopatía espongiforme o “mal de las vacas locas”.
No contentos con asumir tales directivas comunitarias (que a todas luces iban a resultar desastrosas), impulsaron la puesta en marcha de empresas de recogida de cadáveres de las explotaciones ganaderas para su posterior incineración, empresas como SIRASA.
En este punto estamos: gastando decenas de miles o millones de euros en incinerar reses muertas, manteniendo una flota de camiones de recogida de cadáveres, abocando a la extinción al alimoche, milano real…
El Gobierno de Aragón anuncio hace poco que había gastado 1.760.000 euros, en una Red de Comederos de Aves Necrófagas, ¿pero cómo es posible gastarse esa cantidad de dinero, en algo que nos podría salir gratis?
Con solo volver a hacer funcionales los muladares clausurados, se solucionaría el problema.
Ahora anuncian que se comenzaran a pagar indemnizaciones a los ganaderos afectados, cuando seria muy fácil evitar estos ataques, simplemente reabriendo los muladares clausurados.
¿Cuánto dinero nos cuesta SIRASA, la Red de Comederos (de dudosa funcionalidad) y cuanto nos gastaremos en indemnizaciones que hasta hace poco eran innecesarias?
Donde no llega la clase política, debe llegar la población civil, es nuestra obligación como ciudadanos responsables detener todas estas acciones que dilapidan las arcas públicas y están poniendo en graves aprietos a nuestros buitres, alimoches, quebrantahuesos, milanos… y por si fuera poco, están cambiando la percepción positiva que se tenía de estas aves, sobre todo entre el sector ganadero.
Miguel Martin.
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